El presente informe pone de manifiesto que, transcurridos treinta años desde la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, los Estados han incumplido de forma reiterada los compromisos y objetivos consagrados en dicho acuerdo. Este fracaso no se debe tan solo a la falta de voluntad política, sino también a la desigualdad estructural de nuestro sistema económico.